¿CRISIS EN JAPÓN?
En estos momentos la economía japonesa se enfrenta a múltiples incertidumbres: la inflación crece de forma galopante, mientras las exportaciones y el consumo interno van a la baja. Con ello el crecimiento de este año no será superior al 1,5%, seis décimas inferior a 2007. Todos los analistas y organismos internacionales advierten que lo peor está por llegar. Si los pronósticos se cumplen, se acabaría la década gloriosa del país nipón, su periodo de expansión más largo desde la Segunda Guerra Mundial.
De 1985 a 1990 los precios de las acciones y el valor de la tierra en Japón aumentaron de forma considerable. Este crecimiento en activos financieros ocasionó lo que se conoce como el crecimiento de la burbuja económica. Las acciones (el valor promedio de las acciones en la Bolsa de Valores de Tokio) subieron desde un nivel de 12,500 yenes en 1985 a 39,900 en diciembre de 1989. El valor del terreno se triplicó de 1985 a 1990. Pero la situación cambió en la década de los 90. Las acciones y el valor de la tierra empezaron a bajar. La deflación de estos activos o el rompimiento de la “burbuja económica” que ha ocurrido desde entonces ocasionan la crisis económica actual.
¿Cuáles fueron las causas de la burbuja económica? Desde 1985 la moneda japonesa, el yen, se revaluó frente a las principales monedas del mundo. En 1988 llegó a un promedio de 128 yenes por dólar. Esta reevaluación de la moneda japonesa fue impulsada por los principales países industriales, que de esta manera querían que Japón disminuyera el enorme superávit comercial que tenía con ellos y con casi todo el mundo. Una moneda cara, como el yen revaluado, hace más baratas las importaciones y más caras las exportaciones para Japón, disminuyendo así su superávit comercial. Frente a este yen caro, las empresas japonesas que encontraron contraproducente producir en Japón tomaron dos actitudes: una la de empezar a mover su producción al exterior en busca de lugares con costos bajos y la otra, invertir en Japón no tanto en producción en fabrica sino en la Bolsa de Valores comprando acciones y terrenos.
La pasada semana, el mercado accionario nipón sufrió leves perdidas con inversionistas convencidos de que el declive de la economía de Estados Unidos no se podrá evitar pese a la decisión de la Reserva Federal de EE.UU. de mantener los tipos de interés.
El Nikkei bajó 7,60 puntos, un 0,05%, hasta los 13.822,32 puntos, mientras el segundo indicador, el Topix, que reúne todos los valores de la primera sección, cayó 1,29 puntos, o un 0,09%, hasta los 1.344,790 enteros.
Los perdedores fueron las empresas de recursos naturales, como el carbón y el petróleo, además de las casas de comercio frente a las farmacéuticas y las aseguradoras.
Pero no podemos olvidarnos de la situación de las empresas españolas en el imperio del Sol. Ante todo, cabe definir estas inversiones como testimoniales. Básicamente, en bienes de consumo, especialmente moda. Debemos destacar los esfuerzos inversores de empresas como Inditex (ITX. MC) o Adolfo Domínguez (ADZ.MC)
¿Por qué nuestras decisiones son poco relevantes a la hora de exportar a Japón? En primer lugar, la especialización sectorial de nuestras exportaciones al país asiático no favorece la presencia en este último mercado de grandes empresas españolas.
En segundo lugar, el escaso tamaño de las empresas españolas que se han interesado por el mercado japonés explica, en buena parte, que el esfuerzo inversor sea mínimo en la apertura y consolidación de este mercado. Si hablamos con propiedad, podemos decir que los japoneses nos compran más que nosotros les vendemos. Un buen ejemplo de este problema lo tenemos en las exportaciones de vino. Sin haberse creado todavía en Japón una imagen de España como país productor de vinos de calidad, los esfuerzos «heroicos » de muchas pequeñas empresas españolas acaban produciendo con frecuencia un posicionamiento inadecuado de las marcas en el mercado (básicamente, en lo que respecta a los precios de venta) y una distribución sólo intermitente de muchas marcas en los puntos de venta.
Tanto en bienes de consumo como en alimentación es razonable, al menos en las etapas iniciales, contar con un buen importador/distribuidor japonés, ya que la capacidad de influencia que ejerce dicho importador/distribuidor en el mercado (tanto mayorista como minorista) es decisiva para la implantación de los productos.
No obstante, esta estrategia comercial tiene una «trampa»: caer en la dependencia total de los importadores. De aquí la importancia de una mayor presencia «física» en el mercado y de un análisis permanente de los mejores canales de distribución de los productos. En el momento de entrar en una fase de implantación sólida de los productos, cada vez será más necesario el establecimiento de oficinas de marketing y ventas, sin olvidarnos de las filiales.
Pero las empresas españolas no deben dejar de intentarlo una y otra vez. Japón es un mercado con influencia en Asia en determinados sectores (por ejemplo moda y muchos subsectores industriales), por lo que conseguirse un nombre en dicho mercado ayuda para adentrarse en otros asiáticos (especialmente Corea del Sur, Taiwán o Hong Kong).
Ya se han dado los primeros pasos. La Organización Japonesa de Comercio Exterior (JETRO) ofreció a las empresas españolas que quieran acceder por primera vez al mercado japonés una plataforma de ayuda y cooperación para facilitarles la entrada.
Categorías: reportajes


Junio 30th, 2008 at 5:27 pm
Muy ilustrativo el blog sobre el mercado asiático, no tenía claro que los importadores nipones tuvieran tanta importancia respecto a nuestro comercio. Todos los días se aprenden cosas nuevas!
Una redacción sobre tema financiero para nota
Julio 1st, 2008 at 9:18 am
[…] ¿Crisis en Japón? […]
Julio 16th, 2008 at 2:38 pm
Los verdaderos culpables de la crisis son los empresarios. El gobierno debería ponerles un impuesto para compensar a los parados.